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Tastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

¿Qué es el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH)?

El TDAH es un trastorno que tiene tres diferentes tipos de síntomas:

  • Dificultad para prestar atención o concentrarse en ciertas tareas
  • Ser demasiado activo (o hiperactivo)
  • Actuar por impulso (sin pensar)

Los niños o los adolescentes con TDAH pueden:

  • Distraerse fácilmente y olvidarse a menudo de las cosas
  • Pasar demasiado pronto de una actividad a la siguiente
  • Tener dificultad para seguir indicaciones
  • Soñar despierto demasiado
  • Tener dificultad para acabar las labores, como las tareas escolares o los quehaceres domésticos
  • Perder con mucha frecuencia juguetes, libros y útiles escolares
  • Ser inquietos y moverse con mucha intranquilidad o nerviosismo
  • Hablar sin parar e interrumpir a la gente
  • Corretear mucho
  • Agarrar y jugar con todo lo que ven
  • Ser muy impacientes
  • Decir de repente comentarios inoportunos
  • Tener problemas para controlar sus emociones

Los niños pueden desarrollar los primeros síntomas de TDAH a una edad temprana (entre 3 y 6 años de edad). Sin embargo, el TDAH se descubre y se trata con mayor frecuencia en la escuela primaria (entre los 7 y 9 años de edad).

Los síntomas de TDAH, como la hiperactividad, pueden disminuir a medida que el niño tiene más edad. Sin embargo, los síntomas pueden no desaparecer del todo y persistir hasta la edad adulta

¿Cómo se trata el TDAH?

Es frecuente que los niños tengan más de un problema de aprendizaje y/o emocional. El TDAH puede ser sólo uno de estos problemas. Para poder decidir sobre el tratamiento, es importante realizar una evaluación completa. El tratamiento puede realizarse con medicación y sin medicación o mixto.

Tratamientos sin medicamentos

Se han utilizado varios tipos de tratamientos sin medicamentos para los niños con TDAH. A veces, toda la familia participa en estos tratamientos.

Una aproximación útil de tratamiento puede incluir programas escolares especiales, apoyo farmacológico, tratamiento psicológico bajo los enfoques de terapia conductual y cognitivo conductual, entrenamiento en habilidades sociales, consejería familiar, terapia individual (Buendía, 1996) y grupal, así como talleres relajación, pintura, dibujos, actividades deportivas de tiempo libre, y un sistema de educación especializado o personalizado si fuera pertinente.

 

Se han elaborado diversos programas, los cuales están destinados no solo al desarrollo y mejoramiento de estrategias atencionales, sino también a ejercer un autocontrol por parte del sujeto de su actividad motora excesiva, como un requisito indispensable para que emerja la conducta atencional. De otro lado la mayoría de las investigaciones enfocan el tratamiento del trastorno por déficit de atención en las consecuencias que produce a nivel de las relaciones interpersonales, por lo que parte del tratamiento estaría dirigido a generar y desarrollar habilidades sociales y de solución de problemas interpersonales.

 

La mayoría de los enfoques de tratamiento del déficit de atención se han centrado en niños, puesto que su conducta repercute en el contexto familiar, escolar y social, estando estos bajo el control y responsabilidad de sus padres o de personas adultas. No tanto ocurre esto con adolescentes y más aún con adultos, si bien el déficit de atención evoluciona y puede perturbar sus relaciones sociales, académicas y laborales, estas personas acuden voluntariamente al tratamiento y asumen la responsabilidad por ello, en estos casos el tratamiento consiste en un entrenamiento cognitivo, asertivo, autocontrol, programas de completamiento de actividades y tareas, terapia de pareja, según sea el caso y la repercusión a la que el trastorno por déficit de atención asociado a otras variables o trastornos se hayan dirigido.

 

La familia cumple un rol principal en el tratamiento de niños con trastorno por déficit de atención, muchas de sus conductas se mantienen por las interacciones mal adaptativas entre padres e hijos, por lo que se ha considerado que los terapeutas deben entrenar a padres y además dar indicaciones a los maestros, pues las manifestaciones conductuales inadecuadas se dan en el ambiente natural donde se desenvuelve el niño, es decir casa y escuela, por lo tanto la intervención se debe realizar en esos niveles.

 

Al respecto, las conclusiones apuntan a la idoneidad de los programas con técnicas cognitivas y conductuales (entrenamiento en autoinstrucciones verbales, autocontrol y autoevaluación) como parte del tratamiento psicológico para la adquisición de otras estrategias atencionales.

¿Qué dicen las investigaciones acerca de los tratamientos sin medicamentos?

Los investigadores observaron que:

  • Ayudar a los padres a adquirir nuevas habilidades que sirvan para mejorar el comportamiento del niño (capacitación conductual para padres) reduce los síntomas de TDAH y los trastornos de conducta disruptiva en niños menores de 6 años con TDAH.
    • En algunos estudios, las mejorías en la conducta disruptiva duraron hasta 2 años.
    • Los padres que acuden a más sesiones de capacitación conductual para padres observan más mejoría en el comportamiento de su niño.

 

En el centro de Psicología Avances, tratamos el TDAH para conseguir la mejora de la adaptación de los niños.

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Desarrollo de la Inteligencia Emocional en niños.

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La inteligencia emocional en la infancia

Determinadas situaciones  nos pueden ayudar a darnos cuenta que un niño no está madurado emocionalmente.  Las rabietas son muy típicas entorno a los 2 años de edad, pero en niños mayores de dos años  nos están indicando que tiene un problema de regulación de sus emociones.

Lo que comúnmente se considera inteligencia se refiere a las habilidades del pensamiento racional, cognitivo, capacidades como la memoria y la aptitud matemática, que ayudan a los niños en su desempeño académico.

Por otro lado, la llamada inteligencia emocional, concierne a las habilidades involucradas en el comprender los sentimientos propios y ajenos, y aplicar este conocimiento al comportamiento.

Para desarrollar la inteligencia emocional de los niños tenemos que tener en cuenta que lo primero de todo va a ser aprender a identificar las emociones propias y aprender a identificar las emociones que están experimentando los demás.

Tenemos que aprender a controlar las emociones y para eso debemos encontrar el equilibrio necesario, saber que es lo que me está pasando, qué estoy pensando que me está haciendo sentir de esa manera para aprender a controlarme y autoregularme.

Tenemos que aprender  y  canalizar las emociones de tal manera y que fortalezca las relaciones y no que sea de forma contraria.

La inteligencia emocional de tus hijos puede estimularse y fortalecerse mediante experiencias y actividades durante su infancia, ya que el cerebro en desarrollo cambia según la interacción de los niños con su entorno. Para esto, es crucial que los padres de familia se conecten con las emociones de sus hijos desde pequeñitos.

Es de sus padres donde los niños aprenden sobre sí mismos, sobre los demás, y acerca del mundo en el que viven. Es en el hogar donde se enseña a reconocer, manejar, y expresar la gama de emociones que experimentamos los seres humanos.

Ya que la inteligencia emocional se desarrolla mediante la observación, la imitación, la instrucción, y la aplicación, corresponde a los padres de familia servir de ejemplos, y ejercer como educadores y entrenadores.

Ejercicios para la inteligencia emocional

1. Observa y escucha a cada uno de tus hijos con atención plena.

2. Demuéstrale a tus hijos que sus sentimientos son importantes.

3. Háblale a tus hijos sobre las emociones: dicha, temor, enojo, tristeza, etc.

4. Permite que tus hijos expresen de forma segura sus emociones negativas.

5. Crea un ambiente familiar cómodo, abierto al diálogo.

6. Demuéstrale a tus hijos respeto, comprensión, y aceptación.

7. Juega al reconocimiento de emociones en personajes de cuentos, libros, y TV.

8. Preséntale a tus hijos dibujos representativos de las emociones principales y nómbrenlas.

9. Propicia que tus hijos hagan amistades, para practicar la convivencia con compañeros.

10. Recuerda darle a tus hijos su dosis diaria de afecto y apoyo

Actitudes que bloquean y suponene una barrera  a la inteligencia emocional

A pesar de tus mejores intenciones, inevitablemente flaquearás y fallarás al impartir y compartir las lecciones de la inteligencia emocional a tus hijos. Ponte en alerta a los errores más comunes que cometemos los adultos al criar y educar niños emocionalmente inteligentes.

1. Ignorar los sentiminetos de los niños: no tomar en cuenta, o actuar como si no notáramos las manifestaciones de sus emociones. «No le hagas caso cuando llora.»

2. Menospreciar las emociones de los niños: subestimar el valor y el impacto de sus sentimientos en su vida y relaciones. «Es muy chiquito, se le va a pasar el miedo y ni se acordará.»

3. Minimizar los problemas de los niños: reducir la importancia de las dificultades y desafíos que se les presentan. «¿Por qué te pones así por esa tontería?»

4. Castigar a los niños por sentir emociones: regañarlos, criticarlos, o implementar consecuencias punitivas por tener sentimientos negativos o intensos. «¡Eso te pasa por enojarte!»

5. Interrumpir a los niños cuando expresan sus experiencias: desperdiciar oportunidades de ayudarles a entender sus emociones y las situaciones que las precipitan. «¡Deja ya de hablar de eso, para que se te olvide!»

contento A partir los los 2 años y medio puede empezar a trabajarse con las emociones de los niños.

Cuándo los niños son pequeñitos hay que mandarles frases muy cortas (actuar más y hablar menos).

Cuándo  son algo mayores  podemos empezar a razonar, pero nunca en el momento de rabieta. Cuándo estén relajados será cuando podremos hablar con ellos y podremos incidir en la importancia de hablar, de comunicar los sentimientos,de que forma los podemos expresar.