La dolorosa pérdida de dos jóvenes en Jaén.

Un dolor que nos toca a todos.
La muerte por presunto suicidio de las dos adolescentes en Jaén en estas últimas semanas ha dejado a toda la comunidad en shock, con una mezcla de dolor, incredulidad y miedo a que algo así pueda repetirse. Este texto quiere ser, ante todo, un abrazo escrito para sus familias y amistades, y a la vez una guía sencilla para madres, padres y educadores sobre qué señales mirar, qué redes de apoyo existen y qué tipo de trabajo psicológico se puede hacer para cuidar a nuestros chicos y chicas.
Cuando un menor se quita la vida, no solo su familia se rompe, también lo hace el instituto, el barrio, la ciudad entera. En Jaén, en apenas unos días, se han perdido varias vidas adolescentes, y es difícil no sentir rabia, culpa o la sensación de que “algo se nos escapó” por el camino, de que no fuimos capaces de interpretar algunas señales de que algo no iba bien.
A las familias afectadas solo cabe ofrecer respeto absoluto, presencia silenciosa y apoyo práctico: acompañar en trámites, cuidar de los hermanos, sostener el día a día cuando las fuerzas no alcanzan. No hay palabras que alivien una pérdida así, pero sí hay comunidad, profesionales y recursos para que este duelo no se viva en soledad.
Señales de alarma en adolescentes
Ninguna señal por sí sola significa automáticamente riesgo de suicidio, pero un conjunto de cambios mantenidos en el tiempo merece atención y una conversación tranquila. Se trata de observar sin invadir, y de dar siempre la oportunidad de hablar sin juicios ni prisas.
Algunas señales que conviene no pasar por alto:
- Cambios bruscos de carácter: pasar de ser hablador a aislarse, mostrarse muy irritable, apático o “apagado”.
- Comentarios sobre la muerte o el deseo de desaparecer, bromas recurrentes con “no valgo para nada”, “ojalá no estuviera aquí” o similares.
- Descenso repentino en el rendimiento escolar, absentismo, quejas físicas frecuentes (dolores, insomnio, cansancio extremo) sin causa médica clara.
- Autolesiones (cortes, quemaduras, golpes) o uso de ropa ancha en verano para ocultar marcas.
- Cambios en el uso del móvil y redes: aislamiento, vínculos muy absorbentes con un grupo o persona, participación en retos de riesgo, mensajes de despedida o de tono muy fatalista.
Ante la duda, es mejor “pasarse de prudente” y preguntar directamente si ha pensado en hacerse daño o en morir, con un tono sereno y cercano. Hablar de suicidio no “da ideas”; al contrario, abre una puerta para que el adolescente comparta algo que quizá ya le da miedo tener en la cabeza.
Factores de riesgo y redes de apoyo
Detrás de la conducta suicida suele haber una suma de factores: bullying, conflictos familiares, problemas de autoestima, experiencias traumáticas, dificultades emocionales, uso dañino de las redes sociales, entre otros. No se trata de buscar un único culpable, sino de entender el contexto y reforzar todos los puntos donde sí podemos proteger.
Algunos factores que aumentan el riesgo son:
- Acoso escolar o exclusión social, tanto presencial como en redes.
- Haber verbalizado previamente deseos de morir o haber realizado intentos o autolesiones.
- Trastornos del estado de ánimo, ansiedad intensa, consumo de sustancias u otras dificultades psicológicas sin tratar.
- Sensación de soledad, falta de apoyo o conflictos graves y continuados en casa o en el centro educativo.
Frente a eso, las redes de apoyo son clave: una familia disponible y afectuosa, amistades significativas, relaciones positivas en el instituto, participación en actividades donde el adolescente se sienta valioso y escuchado. También forman parte de esa red el teléfono 024 (línea de atención a la conducta suicida), los servicios públicos de salud mental, asociaciones de familiares y supervivientes, y las consultas privadas de psicología.
Lo que las familias pueden hacer en casa
A una madre o un padre no se le puede pedir que lo sepa todo, pero sí que esté lo suficientemente cerca como para notar cuando algo cambia y ofrecer un espacio seguro. No se trata de interrogar, sino de mostrar interés genuino por lo que vive y siente el adolescente.
Algunas pautas que suelen ayudar:
- Escuchar más que hablar, dejando el móvil a un lado y mostrando curiosidad por lo que cuenta, aunque parezca “poca cosa”.
- Validar sus emociones: en lugar de “eso no es para tanto”, usar frases como “entiendo que para ti esté siendo muy duro”.
- Poner límites claros y afectuosos al uso de pantallas y redes, explicando el porqué, no solo prohibiendo.
- Preguntar de forma directa y calmada si han pensado en hacerse daño o en morirse cuando se detectan señales, sin dramatizar ni minimizar.
- Evitar cargarles con la culpa (“con lo que hacemos por ti”) o con el silencio forzado (“de esto no se habla”), y mostrar disponibilidad para buscar ayuda juntos.
Cuando la preocupación es alta, no es momento de esperar a que “se le pase”; es el momento de coordinarse con el instituto, pedir cita con un profesional y, si hace falta, acudir a urgencias de salud mental.
Desde la consulta de psicología, el trabajo con adolescentes en riesgo suicida es delicado y profundo, y se hace siempre en coordinación con la familia y, cuando es posible, con el centro educativo. El objetivo no es solo que “dejen de pensar en hacerse daño”, sino ayudarles a reconstruir motivos para vivir, herramientas para manejar el sufrimiento y una red de vínculos más segura.
Cómo puedo ayudarte desde Centro de Psicología Avances Jaén
Desde el Centro de Psicología Avances, en plaza de la Libertad en Jaén, el trabajo con adolescentes en riesgo suicida se hace de forma cercana, cuidadosa y siempre en coordinación con la familia y, cuando es posible, con el centro educativo. El objetivo no es solo que el adolescente deje de pensar en hacerse daño, sino ayudarle a entender qué le pasa, recuperar la esperanza y construir nuevas maneras de afrontar lo que le duele.
- En la consulta se suelen abordar varios niveles:
- Una primera evaluación tranquila, donde se explora qué está ocurriendo en su vida, si ha habido autolesiones o intentos previos, qué cosas le hacen sufrir y también qué recursos personales tiene.
- Sesiones individuales con el adolescente, ofreciendo un espacio seguro para hablar sin miedo a ser juzgado, aprender a identificar y manejar sus emociones, cuestionar pensamientos muy negativos y descubrir otras formas de relacionarse consigo mismo y con los demás.
- Trabajo con la familia, para mejorar la comunicación, rebajar tensiones en casa, entender mejor lo que está viviendo su hijo o hija y crear juntos un plan de seguridad claro ante posibles crisis.
- Cuando la familia lo ve conveniente, coordinación con el instituto para que el entorno escolar sea lo más protector posible, revisando situaciones de acoso, presión académica o aislamiento social.
Si te preocupa tu hijo, tu hija o un adolescente cercano y quieres que lo valore un profesional, en Centro de Psicología Avances Jaén podemos acompañaros en este proceso y ofrecer un espacio de apoyo y orientación tanto para el menor como para la familia.