¿Cuándo llevar a un niño al psicólogo?

9 señales que conviene no pasar por alto
Por María del Mar García Delgado, psicóloga sanitaria. Colegiada AO-07946. Centro de Psicología Avances, Jaén.
Las primeras semanas de curso suelen destapar cosas que durante el verano pasaban desapercibidas. Un niño que no quiere entrar al colegio, otro que llega a casa irritable cada tarde, una profesora que comenta en la tutoría que «le cuesta concentrarse». Y aparece la duda que escucho a menudo en consulta: ¿es algo normal de su edad o necesita ayuda?
No existe una lista cerrada que responda por sí sola. Lo que sí existe es un criterio útil: más que qué hace el niño, importa cuánto dura, con qué intensidad aparece y cuánto interfiere en su vida. Una rabieta es normal; rabietas diarias y desproporcionadas a los nueve años, durante meses, ya no lo son tanto.
Con ese criterio en mente, estas son las señales que merece la pena observar.
1. Cambios bruscos que no remiten
Un niño alegre que se vuelve callado, uno tranquilo que empieza a estallar por todo. Los cambios puntuales forman parte del desarrollo. Cuando el cambio se mantiene varias semanas y no encuentras una explicación clara, conviene consultarlo.
2. Tristeza o irritabilidad persistente
En la infancia el malestar emocional no siempre se parece a la tristeza adulta. Con frecuencia se expresa como irritabilidad, quejas constantes, aburrimiento de todo o pérdida de interés por lo que antes le gustaba.
3. Miedos o preocupaciones que le impiden hacer cosas
Los miedos a la oscuridad o a separarse de los padres son esperables a ciertas edades. La señal de alerta aparece cuando el miedo le impide ir al colegio, dormir solo mucho después de la edad habitual o participar en actividades. Los dolores de barriga o de cabeza sin causa médica, sobre todo los domingos por la noche o los lunes por la mañana, también pueden ser ansiedad.
4. Problemas de conducta que desbordan a la familia
Desafío constante a las normas, agresividad con hermanos o compañeros, rabietas impropias de su edad. Cuando las estrategias habituales en casa ya no funcionan, no es un fracaso como padres: es el momento de pedir orientación.
5. Dificultades en el colegio
Una bajada de rendimiento sin motivo aparente, problemas para mantener la atención, lentitud al leer o escribir, o comentarios repetidos del profesorado. Detrás puede haber una dificultad de aprendizaje, un problema de atención o un malestar emocional. Una evaluación ayuda a distinguirlo y a decidir qué hacer. En el centro trabajamos con programas de estimulación cognitiva para estas dificultades.
6. Aislamiento o problemas con otros niños
Que no tenga amigos, que evite los cumpleaños o el recreo, que cuente que se meten con él o que deje de hablar del colegio. Si sospechas acoso escolar, habla también con el centro educativo cuanto antes.
7. Cambios en el sueño, la comida o el control de esfínteres
Pesadillas frecuentes, insomnio, comer mucho menos o mucho más, o volver a mojar la cama cuando ya lo tenía superado. Primero conviene descartar causas médicas con el pediatra; si todo está bien, el origen puede ser emocional.
8. Tras un cambio importante en su vida
Una separación, la muerte de un familiar, una mudanza, el nacimiento de un hermano o un cambio de colegio. No todos los niños necesitan terapia después de algo así, pero si ves que no termina de adaptarse, un acompañamiento a tiempo previene que el malestar se enquiste.
9. Cuando la preocupación es vuestra
A veces el niño está razonablemente bien, pero los padres se sienten perdidos, discuten sobre cómo educarlo o no saben cómo manejar una situación. Esa también es una razón válida para consultar. Buena parte del trabajo en psicología infantil se hace con la familia.
Cuándo no esperar
Si tu hijo habla de querer morirse, de hacerse daño o se autolesiona, no esperes a ver si se le pasa. Busca ayuda ese mismo día: llama al 024 (línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas) o al 112 si hay riesgo inmediato.
Lo que normalmente no es motivo de alarma
Las rabietas entre los dos y los cuatro años, los miedos propios de cada etapa, una mala nota aislada o una semana de mal humor tras las vacaciones forman parte del crecimiento. Observar sin alarmarse también es parte de acompañar.
Cómo explicárselo a tu hijo
Evita presentarlo como un castigo o como algo que se hace porque «está mal». Funciona mejor algo sencillo y honesto: «Vamos a ver a una persona que ayuda a los niños y a las familias cuando algo cuesta más de la cuenta». Con los adolescentes, conviene contar con su opinión y no llevarlos por sorpresa.
Qué pasa en la primera consulta
La primera cita suele ser con los padres, para conocer la historia del niño, qué os preocupa y desde cuándo. Después se trabaja con el niño a través de la conversación, el juego o pruebas adaptadas a su edad. Con esa información se hace una devolución a la familia y se propone un plan: a veces basta con unas pautas; otras, conviene un tratamiento.
Pedir ayuda a tiempo
Consultar no significa que a tu hijo le pase algo grave. Significa tomarse en serio su bienestar antes de que una dificultad crezca. Cuanto antes se interviene, más sencillo suele ser el camino.
Si tienes dudas sobre tu hijo o tu hija, en el Centro de Psicología Avances (Plaza de la Libertad, 8, entreplanta, Jaén) podemos valorarlo contigo. Llámanos al 637 725 161 o escríbenos desde la página de contacto. También ofrecemos consulta online.
Preguntas frecuentes
Se pegan al final del artículo; recogen búsquedas relacionadas que un blog pequeño sí puede captar.
¿A partir de qué edad puede ir un niño al psicólogo? No hay una edad mínima. Con niños muy pequeños se trabaja sobre todo con la familia y a través del juego; a partir de los seis o siete años, el niño participa más directamente en las sesiones.
¿Necesito que el pediatra lo derive? No. En una consulta privada podéis pedir cita directamente. Si hay síntomas físicos (sueño, alimentación, dolores), sí conviene que el pediatra descarte antes una causa médica.
¿Cuántas sesiones hacen falta? Depende de la dificultad y de cada niño. Tras la evaluación inicial se explica a la familia qué se propone y una estimación orientativa de la duración.
¿Me contará la psicóloga lo que dice mi hijo? Los padres reciben información sobre la evolución y las pautas para casa. Al mismo tiempo, se protege un espacio de confianza para el niño, sobre todo en la adolescencia. Si hubiera cualquier riesgo para su seguridad, la familia siempre lo sabría.
¿Hace falta el consentimiento de los dos progenitores? En general, sí, especialmente en casos de separación o divorcio. Lo explicamos en la primera toma de contacto.
¿Se puede hacer terapia infantil online? Con adolescentes funciona bien. Con niños pequeños suele ser preferible la consulta presencial, aunque las sesiones de orientación a padres pueden hacerse online.