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DEPENDENCIA EMOCIONAL

¿Qué es la dependencia emocional?

La dependencia emocional es una forma de afrontar las situaciones, incluye una necesidad de que los demás asuman la responsabilidad de las situaciones, se muestra temor a la separación de las personas, resulta difícil decir que no o expresar desacuerdo ya que existe una necesidad de aprobación  constante, aparecen dificultades para tomar decisiones por sí mismos, y existe un miedo exagerado al abandono.

Las relaciones que suelen iniciar son poco sanas y responde a estos patrones de conducta. Suelen pensar más en las necesidades del otro que en las propias necesidades ya que la sola idea de estar solos les produce malestar.

Causas de la dependencia emocional

En realidad, la dependencia emocional es un rasgo de personalidad, pero si se presenta un grado alto de dependencia, hablamos de un trastorno. (Está definido en el DSM-IV-TR / Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales)
Desde pequeños, en los niños, podemos detectar estos rasgos ya que presentan actitudes poco maduras, necesitan la presencia y aprobación de alguien concreto de una forma exagerada para su edad. Si a esto le sumamos una educación sobreprotectora de desarrolla la dependencia emocional.

En el fondo de una dependencia emocional elevada, se encuentra una baja autoestima y un alto grado de inseguridad. Existe un gran miedo a estar emocionalmente solo.

Se puede identificar a las personas con dependencia emocional por conductas (síntomas) como:

  • Muestran miedo al rechazo, por lo que aguantan situaciones poco recomendables para no ser rechazados.
  • Baja autoestima y auto desprecio, no se gustan.
  • Tienen tendencia a depresión o ansiedad.
  • No asumen responsabilidades.
  • Muestran poca adaptación a las situaciones nuevas o cambiantes
  • Búsqueda de parejas dominantes.
  • En las relaciones personales se sienten inferiores.
  • Dificultad en la toma de decisiones.
  • Inseguridades.
  • No piensan en sus necesidades.
  • Gran temor a estar solos, por lo que a toda costa buscaran estar en una relación aunque esta no les sea gratificante.
  • Dispuesto a obedecer y ser subordinados de forma desproporcionada.
  • Temor al rechazo y dificultad para dar su opinión. (Necesidad de agradar)
  • Dificultad para iniciar proyectos por su cuenta.
  • Falta de confianza en su propio juicio y capacidades.
  • Pueden soportar maltrato físico o verbal
  • No tienen la capacidad de salir de una relación toxica.
  • Sensación de vacío, solo pueden llenar este vacío con otra persona.
  • Necesidad constante de apoyo.

En las relaciones de pareja

Si en la pareja una de las partes tiene un alto grado de dependencia emocional, la relación está desequilibrada. Se muestra una sumisión excesiva, que no es más que el miedo al rechazo y a quedarse solo. Esto da lugar a relaciones desequilibradas, en las que la parte dependiente se siente inferior y suele elegir parejas manipuladoras, narcisistas y poco empáticas, que muestren seguridad en sí mismos. Estas relaciones al final se convierten en relaciones poco saludables, en las que la parte dominante aumenta su autoridad y se producen en la mayoría de los casos anulación de la parte emocionalmente dependiente.

Esta anulación en algunos de los casos da lugar a maltrato físico o emocional, ya que se es incapaz de  reaccionar, se está “enganchado a la relación”, no es posible romper, ya que el miedo a quedarse solo es desmesurado. La dependencia puede conducir a una situación extrema de círculo vicioso, es decir, en un momento dado la relación termina rompiéndose pero al poco tiempo el dependiente intentará a recuperar su expareja incondicionalmente. Si la expareja genera expectativas de reconciliación, el dependiente emocional reinicia la relación como si no hubiera pasado nada.

Para el dependiente esta situación afecta de forma negativa a su autoestima, y a su salud física y/o mental, pasando por síntomas de ansiedad, depresión o pensamientos obsesivos.

Los dependientes emocionales, muchas veces, no son capaces de darse cuenta de los efectos que su dependencia tiene en su vida diaria. Como consecuencias de esta dependencia suele aparecer:

– Vulnerabilidad

– Falta de suficiencia emocional.

– Depresión, ansiedad, fobia social…

– Dificultad en las relaciones y entorno laboral.

– Falta de opinión propia.

– Sensación de inferioridad.

 

Cómo combatir la dependencia emocional

 

Lo primero es reconocer la situación, darse cuenta de los rasgos de personalidad propios y de las consecuencias  de esta forma de hacer en nuestra vida y relaciones.
Si reconoces que puedes ser una persona emocionalmente dependiente, te aconsejamos redactar una lista de aquellas cosas que haces por amor o cariño y que no te perjudican como persona y otro listado de aquellas cosas que haces o aguantas por el rasgo de dependencia emocional y si influyen muy negativamente en tu salud y bienestar.

Valora si has dejado de lado  tus actividades o relaciones o amistades importantes por la otra persona. También debes pensar si estas siendo tratado correctamente en esta relación o has experimentado sufrimiento. Si estas en esta situación y no sabes como salir de ella, busca ayuda profesional.

LA VUELTA AL COLE.

Lo más importante a tener en cuenta con los pequeños en la vuelta al cole es que no deben sentir que el fin de las vacaciones es algo malo; se tiene que plantear como un reto que les genere ilusión y ganas. Buenos ejemplos pueden ser: “Este año vas a aprender un montón, verás cuánto te gusta aprender cosas nuevas”, “Después me enseñarás a mí todas lo que aprendas y así aprendo yo también cosas nuevas”… Los niños se sentirán de esta forma motivados.

No recordar las malas experiencias

“Si un niño suspendió en el año anterior, no hace falta volver a recordárselo. Es una forma de hacerle sentir que no va a ser capaz de aprobar tampoco ahora. Borrón y cuenta nueva” (Silvia Álava. Psicóloga.) Esto es muy importante, ya que podemos predisponer al niño a fracasar de nuevo, así, lo recomendable es realizar un listado de objetivos que conseguir.  Explicarles de forma clara que esperamos de ellos: Preparar la mochila a  diario, apuntar sus  deberes en la agenda cada día, preocuparse en preguntar cuándo no se han enterado de las tareas por algún motivo (deben ser capaces de solucionar sus problemas de organización por ellos mismos, no se trata de que nosotros nos encarguemos de preguntar cuáles son sus deberes en los grupos de WhatsApp). Es decir, se van fijando los niveles de autonomía del niño ayudándoles a superar las exigencias crecientes de cada año escolar.

La programación del tiempo del niño también es fundamental, pero no sólo en la realización de las tareas sino también desde que se levanta. Hay niños que tardan mucho en desayunar, en prepararse, en despertarse, vestirse… y en cambio otros son rápidos en esas tareas. Por eso es adecuado saber cuál es el ritmo del niño y levantarlo con tiempo suficiente para adecuarse al mismo y no comenzar el día  con estrés. Mejor que duerme 15 minutos menos pero realicemos estas preparaciones de forma tranquila para comenzar el día de la mejor manera posible.

Resultado de imagen de vuelta al cole

« Tiempo libre»

Un gran dilema es elegir las extraescolares a las que sus hijos van a ir. Los niños necesitan tiempo libre, no es adecuado cargarlos de actividades extraescolares. Lo adecuado es que los menores escojan aquellas que les resulten atractivas, los motivará y los hará más felices. Será más fácil que se enfrenten a tareas  que no les gustan tanto si han dedicado parte de su tiempo a una actividad que les resulta placentera y les divierte.

PENSAMIENTOS RUMIATIVOS

Cuando pasamos por un momento emocional difícil, solemos pararnos a pensar en esas experiencias que nos resultan dolorosas. Intentamos con ello entenderlas y poder seguir hacia delante. Pero este proceso de reflexión, en muchas ocasiones no nos lleva a una mejora emocional, sino que nos conduce a un círculo de pensamientos del que nos es imposible salir, nos producen un gran malestar y es imposible dejar de pensar en ellos. Volvemos a vivir las experiencias dolorosas una y otra vez, recreándonos en todos sus matices. A eso lo llamamos, pensamientos rumiativos.

 Según la RAE, rumiar: 1. tr. Masticar por segunda vez, volviéndolo a la boca, el alimento que ya estuvo en el depósito que a este efecto tienen algunos animales.2. tr. coloq. Considerar despacio y pensar con reflexión y madurez algo.3. tr. coloq. Rezongar, refunfuñar.

Este proceso de rumiar las preocupaciones, nos asalta en cualquier momento del día. Nos quedamos atrapados en ellos y modifican nuestro estado de ánimo. Nos sentimos tremendamente mal y nuestras emociones se ven alteradas.

¿Son peligrosos estos pensamientos?

Pues me temo que sí. El proceso de rumiación se considera una forma desadaptativa de autorreflexión que sólo amplifica la angustia emocional. No nos lleva a sentirnos mejor, no nos conducen a ninguna solución y no nos ayudan en esos momentos difíciles. Son angustiantes y suponen un riesgo para nuestra salud mental y física. ¿Por qué?

– La rumiación puede hacer que aumente la probabilidad de tener una depresión. Ya que nos conducen a un estado de ánimo negativo que prolongado en el tiempo no llevan a ese estado de ánimo, a la vez que pueden aumentar la intensidad de estados depresivos previos.

– Crean un círculo vicioso del que no es fácil escapar. Nos vamos obligados a no dejar de pensar en ellos.

– Se asocia con aumento del riesgo en consumo de alcohol y un mayor riesgo de trastornos de alimentación. Ya que cuando los pensamientos nos producen un gran malestar es usual el aumento en el consumo de alcohol y una mayor ingesta de alimentos para reducir la ansiedad que nos producen.

– La rumiación fomenta la dilación de los problemas. Se espera para enfrentarse a resolver cualquier tipo de problemas, ya que emocionalmente nos encontramos agotados y no nos enfrentamos  a ellos. Tendemos a aplazar la toma de decisiones.

– Aumenta las respuestas al estrés psicológico y fisiológico.

– Incrementa los pensamientos negativos, esto nos hace ir sesgando la atención hacia los datos que confirman nuestro estado de ánimo negativo, y nuestra percepción se va sesgando de forma general hacia este tipo de estado de ánimo. Así, muchos aspectos de nuestra vida los percibimos de  forma negativa.

 

¿Cómo podemos romper este ciclo?

Se puede realizar diferentes intervenciones.

– Una forma es pararla de golpe. Para esto lo más importante es detectarnos a nosotros mismos en el proceso de rumiación. Actuar como detectives de nuestros pensamientos y pillarnos en ellos. Una vez detectado lleva tu pensamiento a otra cosa,  realizando alguna actividad que requiera alguna concentración: crucigrama, ver película, realizar deporte… Así al evitar la rumiación su atractivo disminuirá, y poco a poco la necesidad de mantener ese pensamiento y pensar en el irá disminuyendo.

Para realizar esto, es muy importante no querer alejar el pensamiento, simplemente aceptarlo y realizar otra actividad. Si decidimos que no queremos tener un pensamiento se produce un efecto contrario. Se refuerza. ¿Por qué?

Cuando nos impedimos pensar en algo, se genera automáticamente un mecanismo de supervisión. Imagínense que han puesto a un policía mental con la foto del oso blanco. Este policía tiene la misión de capturar al oso blanco (la idea que deseamos desechar). El problema radica en que, mientras tanto, tenemos un pequeño policía dando vueltas por nuestra cabeza con la imagen del oso blanco, precisamente la que queremos eliminar.

 

Entonces, el deseo de bloquear un pensamiento casi siempre tiene el efecto contrario: lo refuerza.

 

Afortunadamente, existe una solución:

 

  1. Acepta los pensamientos. Puede parecer un contrasentido pero desde el mismo momento en que aceptas los pensamientos negativos y rumiativos, estos pierden una gran parte del impacto emocional que ejercían sobre ti. Simplemente, acepta que están ahí y no reacciones ante ellos.

 

  1. Busca una solución. Casi siempre los pensamientos rumiativos aparecen como resultado de una cuestión irresuelta. ¿Puedes resolver esa cuestión en ese momento? ¿Tienes todos los datos necesarios para tomar una decisión? Si es así, esta es la mejor solución para que los pensamientos negativos no vuelvan a aparecer de nuevo.

 

  1. Acepta la duda y la incertidumbre. En ocasiones no podemos tomar una decisión, ya sea porque no depende de nosotros o porque no tenemos todos los datos que necesitamos. En ese caso, simplemente di: “acepto la incertidumbre que estos pensamientos me provocan”. Dilo varias veces hasta que las dudas no te resulten incómodas. De hecho, este es un buen ejercicio para lidiar con muchos otros problemas de la vida cotidiana porque aprender a vivir con la incertidumbre es vital en los tiempos que corren.

 

Una vez que has logrado eliminar las emociones negativas relacionadas con estos pensamientos, simplemente realiza una tarea que te agrade o que requiera esfuerzo cognitivo.

Otra forma de trabajar con los pensamientos rumiativos es: “la hora de pensar”,. Esta tarea, desarrollada inicialmente por Luc Isebaert (2005), es descrita por Mark Beyebach en su obra “200 tareas en Terapia Breve”.

¿En qué consiste la hora de pensar?

Básicamente se trata de plantear al paciente que cada día dedique entre media hora y una hora a “rumiar” sus pensamientos negativos, utilizando para ello un lugar concreto y un momento fijo del día, preferiblemente que no sea por la noche, ya que por la noche es posible que si no manejamos bien la estrategia nos impida dormir.

– El primer paso es ir anotando los pensamientos o ideas negativas  para posteriormente trabajarlas en la consulta.

-Durante el día, en el momento en el que aparezca los pensamientos rumiativos debemos aplazarlos hasta “la hora de pensar”. Nos decimos: ahora no, luego puedo ir a este pensamiento en la hora acordada. Recordad, este aplazamiento no hay que realizarlo de forma que no queramos tener ese pensamiento, simplemente le dedicaremos atención en otro momento del día.

¿Para qué realizar esta tarea?

Se trata de prescribir el síntoma, esto es, pensar en el pensamiento mucho tiempo, en lugar de querer evitarlo. Esto provoca un efecto e saturación, además de concentrar el espacio y el tiempo para tenerlo evitando que este se quede con muchos momentos de nuestro día a día.

En unas semanas realizando la tarea, cada vez resulta más difícil poder llenar esa hora con esos pensamientos, ya no resultan tan perturbadores, ya llegamos a cansarnos de pensar en ellos de forma natural. Esto lleva a que desaparezcan en la mayoría de los casos de manera progresiva.

Se trata en definitiva de una paradoja. Tengo que pensar en ellos una hora al día, y ya no me parecen tan importantes ni quiero dedicarles más tiempo.

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¿QUÉ ES Y CÓMO ABORDAR LOS SÍNTOMAS DE LA ANSIEDAD?

 

 

En muchas ocasiones nos sentimos desbordados y notamos unas sensaciones que no nos dejan descansar, ni dormir, ni concentrarnos. Realmente no sabemos qué nos pasa, pero la sensación es de no parar por dentro, todos nuestros pensamientos van acelerados, como en una película de acción. Activamos nuestras alarmas con esas sensaciones.

 

A esas sensaciones podemos llamarlas “ANSIEDAD”.

 

La ansiedad en sí misma no es peligrosa, aunque bien es cierto que genera mucho malestar y en ocasiones puede resultar imposibilitante para realizar algunas actividades.

La ansiedad resulta de la evaluación que hacemos sobre algo que en realidad no es peligroso como si lo fuera. A la evaluación que hacemos de los síntomas que aparecen en una crisis de ansiedad (temblor, palpitaciones, mareo, ahogo, tensión muscular, molestias en el estómago) se une el temor de que pueda pasarnos algo malo. Estos pensamientos negativos hacen que realmente  creamos que nos va a suceder. No debemos olvidar cómo funciona nuestra mente, esta, para no entrar en conflicto con nuestras creencias acerca de la causa de nuestro estado de ánimo y encontrar una explicación acorde con el mismo, suele atender sólo a los estímulos que apoyan la interpretación de peligro y que son congruentes con el estado de ánimo. En definitiva, sólo vemos la parte negativa.  Para entender esto sobre nuestra atención, sólo tenemos que pensar un ejemplo de la vida cotidiana: si vamos con un  carro de niño, muletas, carrito de la compra, etc. solemos atender a la gente que está en la misma situación. Yo misma hace poco tiempo he tenido una lesión en una pierna y he visto más gente con muletas y cojos que en toda mi vida. ¿Había más? La respuesta es no. Estaba centrando mi atención en los que estaban pasando por las mismas dificultades que yo.

 

Así, los síntomas de la ansiedad son interpretados desde un punto de vista catastrofista, “no puedo controlarlo”, “me falta el aire”, “estoy fuera de control”, “me va a dar algo”… Estas interpretaciones no hacen más que mantener y aumentar la ansiedad. Percibimos que no tenemos el control sobre lo que nos está pasando y entramos en pánico.

 

La técnica de la respiración abdominal ayuda a calmar los síntomas de la ansiedad y a restablecer la sensación de control: “Puedo calmarme”, “puedo hacer algo para estar más tranquilo”, “haciendo esto me relajo”. Este sencillo paso, empezar a tomar el control, es un gran comienzo para trabajar con la ansiedad.

¿CÓMO REALIZARLA Y POR QUÉ FUNCIONA?

Consiste en respirar con el diafragma de una manera lenta y pausada; es algo tan sencillo que puede aliviar los síntomas de la ansiedad de forma eficaz, además de resultar una estupenda técnica de autocontrol.

Cuando activamos nuestra zona de alarma respiramos demasiado rápido tomando demasiada cantidad de aire. Aumenta el oxígeno en sangre al respirar más oxígeno del que gastamos. Estamos en una palabra hiperventilando, es decir, tenemos una respiración demasiada intensa o frecuente, para las necesidades del organismo en ese momento. La hiperventilación provoca una serie de sensaciones internas, siendo las más comunes el mareo, la sensación de ahogo, la visión borrosa, el aumento del latido cardiaco, el calor, hormigueo, agotamiento, etc. Si os ocurre y no sois capaces de comenzar una respiración lenta, y sentís mareo y náuseas, comenzad a respirar dentro de una bolsa para bajar la cantidad de oxígeno en cada respiración.

La técnica de respiración abdominal consta de dos movimientos principales, un movimiento de entrada de oxígeno (inspiración) y uno de salida de dióxido de carbono (espiración).

De niños utilizamos el diafragma para respirar. Cuando tomamos aire e inhalamos, el diafragma desciende, dejando más espacio para que los pulmones se llenen completamente de aire, y mientras expulsamos el aire, exhalación, el diafragma se relaja y vuelve a su posición original. Cuando respiramos con el diafragma la respiración es más completa. De adultos,  el estrés y las prisas, nos lleva a cambiar nuestra forma de respirar, sin darnos cuenta poco a poco comenzamos a respirar con el tórax, se hincha la parte superior del pecho, resultando una respiración forzada, en la que sólo llevamos el aire a la parte alta de los pulmones. El estrés y ansiedad alteran nuestra forma de respirar; los estados de angustia y nerviosismo nos llevan a una respiración rápida y superficial, acompañada normalmente de tensiones musculares y posturas incorrectas que dificultan aún más una buena respiración.

 

Regular la respiración, disminuyendo el ritmo respiratorio aporta mayor nivel de oxígeno al cerebro y a las células. De esta forma, llegará mayor gran cantidad de aire a los pulmones, la sangre se oxigena más y actúa disminuyendo la ansiedad y en general, nos hará sentir más relajados y tranquilos, contribuyendo a eliminar los síntomas si la práctica es constante.

 

PASOS EN LA RESPIRACIÓN ABDOMINAL

¿En qué consiste esta técnica de respiración?

 

En primer lugar, para la correcta realización de este ejercicio de respiración, se debe colocar una mano sobre el vientre y otra sobre el pecho para observar cuál es la mano que se levanta al realizar la respiración.

 

Coger el  aire por la nariz y expulsarlo por la boca. Observa: ¿Cuál es la mano que se les ha levantado?

 

Si es la mano situada en el pecho, la respiración está siendo incompleta, y se debe intentar que se levante la mano situada en el vientre. Para ello, puede ser de ayuda tumbarse y colocar algo en la barriga de manera que cada vez que respiren deben levantar el objeto situado en la barriga. La respiración es parecida a cuando se infla un globo, al inspirar el aire debe llegar hasta la base de los pulmones inflando la barriga, el globo y al espirar la barriga se mete para adentro y el globo se desinfla. Recordad de pequeños cuando inflabais la barriga.

 

Una vez dominado esta técnica de respiración, si nos encontramos en un estado ansioso tendremos una gran cantidad de oxígeno en nuestro pulmones, por lo que se recomienda antes de iniciar la respiración abdominal y como paso previo, dejar de respirar durante unos segundos, contar hasta diez y expulsar el aire retenido, de esta forma comenzaremos a respirar pero sin tanto oxígeno en el organismo.

 

¿EN QUÉ CONSISTE EL EJERCICIO?

Tomar aire lentamente y profundamente por la nariz mientras contamos hasta tres intentando llenar todos los pulmones y observando como el abdomen sale hacia fuera.

Realizamos una pequeña pausa de pocos segundos. Se puede contar hasta 3 y soltamos el aire por la boca mientras contamos hasta tres lentamente. Notaremos como el abdomen se mete se desinfla.

 

Repetimos este ejercicio varias veces, mientras nos repetimos palabras de calma: “tranquilo/a, relájate, etc.”. A su vez, pueden asociar la respiración con imágenes que les resulten agradables (playa, el mar, el cielo, las nubes…), se puede conseguir asociar el estado de relajación a esa imagen y después sólo al pensar en la imagen podemos relajarlos (pero esto solo ocurrirá si somos constantes en el ejercicio.)

 

Mientras se realiza el ejercicio es importante concentrarse tranquilamente en la respiración tomando conciencia de que mano está subiendo y bajando en cada respiración.

 

Inicialmente, es más fácil practicar la respiración abdominal estando tumbado. Cuando ya dominemos esta técnica o ejercicio de respiración, podrás hacerlo de pie y casi en cualquier lugar, sin que nadie lo note.

 

Siempre recomiendo que se practique la respiración con frecuencia, ya que la mejor manera de aprender a relajarse es practicando. Realizar las respiraciones varias veces al día aun cuando no se esté nervioso, le ayudará a adquirir más práctica sobre su forma de respirar y los beneficios de hacerlo con el diafragma, sustituyendo una respiración rápida por una respiración lenta para así estar más tranquilos y relajados, consiguiendo así una relajación física, junto a un estado de mayor serenidad y calma.

No olvidéis: “Estamos como respiramos”. Si respiramos calmados, nos relajaremos.

Ansiedad y depresión ¿Son similares?

 

La depresión y la ansiedad son dos trastornos diferenciados que presentan diferentes causas, tratamiento y diagnóstico. Pero en ocasiones aparecen de forma conjunta y presentan síntomas comunes junto a los particulares de cada trastorno.

Síntomas coincidentes

  • Sensación de indefensión y  baja autoestima. Quien las padece se siente incapaz para enfrentarse a las circunstancias y dificultades de la vida, incluso las más pequeñas tareas cotidianas se presentan como un reto. Los pensamientos de duda, incapacidad y negación inundan  mente.

 

  • Alto nivel de afecto negativo. En ambos trastornos hay un elevado nivel de dolor emocional. Esto se expresa en sufrimiento interno, bajo estado anímico, sensación de culpabilidad, malestar, irritabilidad, mal humor o susceptibilidad. Unido a la sensación de que nada merece la pena.

Síntomas diferentes

  • Anhedonia. La depresión muestra un bajo nivel de afecto positivo, que lleva a la incapacidad para el placer o la satisfacción. No  encuentra placer en nada de lo que le rodea. Sin embargo la persona que sufre  ansiedad sí puede encontrar satisfacciones en su día a día.

 

  • Hiperactivación. En el trastorno de ansiedad, se puede presentar gran activación, normalmente no canalizada. Esto se produce cuando prevén un daño (se evalúa una situación como peligrosa cuando realmente no lo es), de modo que el cuerpo se activa mostrando una gran activación y de tensión que no tiene salida práctica.

 

¿Qué es entonces el trastorno ansioso-depresivo?

En el trastorno mixto ansioso-depresivo, se observan síntomas tanto de la ansiedad como de la depresión y la intensidad de ambos es más o menos equivalente. Así, el trastorno mixto ansioso-depresivo no es tan intenso como la depresión ni como la ansiedad ‘puras’, aunque sin duda la combinación de ambas realmente afecta a quienes lo padecen.

En este trastorno, incluso pueden aparecer síntomas que parecen antagónicos, como la hiperactivación y el bajo nivel energético. La persona que sufre este trastorno mixto puede tener ataques de angustia, tensión, preocupación excesiva y estados de pánico, taquicardia, dolores estomacales, temblores, etc., que aparecen a la par del bajo estado de ánimo, la poca energía y la anhedonia. Sería algo así como estar en tensión tirado en el sofá y con imposibilidad para descargar la tensión acumulada.

La ansiedad funciona a través de anclajes negativos. Nos quedamos “enganchados” en respuestas automáticas asociadas al estímulo supuestamente peligroso. Si no nos quitamos algo de la cabeza, el cerebro comienza a generalizar ese estímulo a estímulos parecidos, en el significado, en la forma, en el simbolismo, en lo que sea. Cada vez hay más estímulos que provocan la misma ansiedad a la vez  que cada vez hay más cosas, situaciones, contextos, que provocan respuestas de ansiedad.

En la depresión los pensamientos rumiativos negativos son muy presentes. La rumiación se caracteriza por estar centrada en la emoción y nos lleva a dirigir la atención hacia los sentimientos y pensamientos negativos de una forma pasiva y repetitiva, y esto nos puede pasar ante cualquier cosa.

 

Para considerarse trastorno mixto ansioso-depresivo, los síntomas deben durar un mínimo de dos semanas o un mes de forma conjunta. No deben derivarse de otros trastornos ni de experiencias traumáticas.

Depresión y ansiedad son trastornos independientes con sus propias vías de curación. En el tratamiento de los casos de trastorno mixto, el psicólogo utiliza técnicas y estrategias seleccionadas de ambos tratamientos con el fin de mejorar el bienestar y la calidad de vida del paciente. Si te encuentras en esta situación un profesional de la salud especialista en este ámbito te será de gran ayuda.

Terapia de pareja. Qué es y cuando acudir al psicólogo

 ¿Cuándo hay que acudir a una terapia de pareja?

Cuando la relación empieza a deteriorarse y se piensa seriamente que no se aguanta más y no se ve salida y no se s abe como actuar frente a las discusiones cotidianas, es el momento de plantearse la posibilidad de que un profesional pueda echar una mano. La posibilidad de la separación está siempre ahí, pero hay que tener en cuenta que es muy dolorosa, sobre todo cuando hay hijos pequeños.

La terapia de pareja es cosa de dos y normalmente es uno el que da la voz de alarma siendo necesaria al menos la disposición de colaborar del otro miembro de la pareja. Si no es así, el que ve el problema todavía se puede acudir al profesional, que podrá ayudar aunque, lógicamente con menos capacidad de maniobra. El principal problema en el fallo de la terapia de pareja es que se acude al profesional cuando ya no hay solución.

¿Cuáles son los problemas más frecuentes que presentan las parejas?

 El problema de la comunicación. Discutir de forma agresiva e inútil en la que no se llega a ninguna solución, sino que se empeora la relación. Otro problema suele ser la falta de comunicación, en la que la pareja se va alejando y la relación se apaga, convirtiendo al otro en un desconocido.

¿Cómo se actúa si un miembro de la pareja no colabora?

A la hora de acudir a la terapia, las mujeres suelen tomar la iniciativa. Están más acostumbradas a hablar de sus sentimientos y a pedir ayuda y les resulta más fácil. Sin embargo, una vez iniciada la terapia, el hombre está tan interesado como la mujer, suele ser más flexible, y suele estar dispuesto a entender y modificar las conductas que su pareja indica que más le molestan.

¿Se trata sólo de hablar de los problemas o la pareja ha de realizar ejercicios prácticos?

Los cambios son de comportamiento, por lo tanto no se trata solo de hablar, hay que poner en práctica lo necesario para implementar el cambio. Un ejemplo muy frecuente es enseñar a la pareja como discutir, qué se puede decir y cómo, lograr no callarse nada, pero sin hacer daño al otro (asertividad). Aprender a plantear problemas de forma que se llegue a soluciones y no a discusiones estériles. Esto tiene su técnica y se aprende en las sesiones de terapia y se practica en casa.

 

¿Cuántas sesiones suelen ser necesarias? ¿Cuánto suele costar una sesión?

La duración de cualquier terapia depende del problema que se presente. A veces basta con un par de sesiones y  otras veces es necesaria una terapia más profunda. Las sesiones se suelen desarrollar con entrevistas individuales y conjuntas y tienen un coste de 45 euros.

¿Cómo se desarrollan las sesiones? ¿Siempre se hacen con los dos miembros de la pareja o hay sesiones individuales?

La terapia supone que cada uno tiene que hacer cambios en su comportamiento. Se suelen realizar  sesiones individuales con cada miembro y luego en las sesiones conjuntas se pone en común el avance que se ve en la relación o el estancamiento. En ocasiones se da un problema psicológico en alguno de los componentes de la pareja y es necesaria terapia personal.

¿Cuál es la efectividad de este recurso?

Los datos indican que la gran mayoría de las parejas que acuden a terapia, alrededor del 75%  informan de una mejora en la satisfacción matrimonial. Cuando se llega solamente para que no diga nadie que no se ha probado todo, la efectividad es mucho menor.

ALGUNAS ORIENTACIONES PARA TRATAR LOS CELOS INFANTILES

Cuando llega un nuevo miembro a la familia, la rivalidad entre los hermanos por conseguir el afecto y la atención de los padres suele ser el principal y primer motivo de celos. En ocasiones, sin darnos cuenta nos centramos en el nuevo hermano o hermana y el niño puede interpretar estos hechos como una retirada de afecto.
Este sentimiento pueden ser real (particularmente cuando los padres
establecen comparaciones diferenciadoras entre sus hijos) o imaginarias (cuando el niño atribuye o malinterpreta la valía y/o intención de sus padres, hermanos o compañeros).
Los celos son  relativamente normales  y no tienen importancia si son circunstanciales y pasajeros, pero hemos de prestarles atención cuando alteren la convivencia y el desarrollo normal del niño o sean persistentes y no remitan pasados los cinco años de edad. Si se perpetúan pueden conducir a un desarrollo anómalo de la personalidad, apareciendo síntomas muy diversos, como agresividad incontrolada, manifiesta inseguridad, regresión y desajuste en las relaciones interpersonales (desconfianza, terquedad y envidia).
CAUSAS DE LOS CELOS
Existen distintas situaciones que pueden provocar en el niño el temor a perder el afecto de los
padres o el sentimiento de haberlo ya perdido.
El nacimiento de un hermano:el recién nacido requiere una serie de cuidados y atención
que hace perder al mayor parte de la que se le dedicaba a él; la conducta de la madre hacía los
hijos cambia durante y después del embarazo, puede aparecer impaciente o fácil de enfadarse,
estos cambios están asociados a la gestación y el niño hace responsable de ellos al bebé.
– Los favoritismos y preferencias de los padres:a veces abierta y otras solapadamente los
padres manifiestan preferencias por uno de los hijos, lo que crea celos en los otros. Puede
existir una situación especial que se crea entre dos hermanos cuando alguno de ellos presenta
algún tipo de deficiencia, sobre todo física, con lo que acapara la atención y protección de los
padres.
La excesiva dependencia o necesidad de uno de los padres por parte del niño
normalmente de la madre, lo que desencadena celos hacia al otro progenitor por considerarle
rival.
-El sentimiento de inseguridad y de inadaptación: el niño o la persona insegura
frecuentemente envidia a los demás; estos sentimientos suelen ser el resultado de situaciones
de ridículo en la infancia, de sentirse rechazado o bien criticado de forma severa. El alentar la
competencia entre los hermanos favorece la presencia de los celos.
No le es fácil al niño compartir a su madre ni con el padre ni con el hermano, pero con
éste último le es más difícil porque es más parecido a él.
LA INTERVENCIÓN
Prevención como medio sencillo, natural y eficaz de evitar la reacción celosa.
Fortalecer la autoconfianza del niño, así como el sentimiento de seguridad personal evitando
hábitos de comparar afectos, pertenencias, capacidades., (declarados o solapados).
Educación de la afectividad basada en la cooperación, la confianza en los demás, el
altruismo y en una visión positiva de las relaciones humanas y ofreciendo modelos familiares
consecuentes.
Modificación de conducta : reforzando conductas positivas e incompatibles con la reacción de
celos e ignorando las inadecuadas.
Reatribución cognitiva : Ayudar a discriminar y comprender las verdaderas causas de los
problemas y de los éxitos, de los afectos y las reprimendas. Esto se consigue con técnicas
específicas pero también a través del diálogo razonado y de la coherencia de nuestras
actuaciones.
Qué pueden hacer los padres:
Ante un niño celoso, los padres no pueden adoptar una actitud demasiado permisiva ni excesivamente represora.
Si entre el niño celoso y el hermano de quién tiene celos hay bastante diferencia de edad, los celos suelen resolverse bien con actitudes miméticas, que permitan al niño celoso copiar las actidudes de los padres hacia el hermano: cuidados, dar de comer, ayudar en el baño, a vestirlo…
Otro factor a tenr en cuenta es que para el niño, la atención de los padres es insustituible, si percibe la situación como una competición para captar la atención de estos, es muy posible que puedan parece lsocelos. Fomentar una actitud cooperativa, educar en la solidaridad y el altruismo, suele ser una buena medida preventiva frente a las actitudes celosas.
Los padres deben reflexionar sobre el estilo de conducta que desean que aprendan sus
hijos pues, ya que ellos aprenden por imitación  la mayoría de su repertorio de conductas. Si la madre tolera las peleas entre hermanos, estas irán a más. Si los padres se gritan entre ellos, sus hijos aprenderán a resolver sus conflictos gritando.
¿QUÉ HACER SI EL NIÑO YA MANIFIESTA CONDUCTAS CELOSAS?
1. Es conveniente que el niño se alegre del bien ajeno, es decir, cuando observa algo
bueno realizado en otra persona. Esto difícilmente ocurrirá si el niño no aprende a observar y a
distinguir lo bueno en una cierta educación en los valores.
Esta muy extendida la costumbre de percibir únicamente lo malo de las personas, los
defectos, sin que apenas haya ojos entrenados en observar las cualidades positivas que
también esas personas tienen. Esta tendencia en el modo de percibir a los demás debe
corregirse pues, de lo contrario, es muy fácil el asentamiento sobre ella de la envidia
2. Aunque cierto tipo de comparaciones son connaturales entre los niños, puesto que es
un procedimiento que les ayuda a conocer y a conocerse, las comparaciones que intervienen
en el comportamiento celoso son de otro tipo y no tan naturales. Se orientan a autovalorarse
como superior o inferior respecto a los otros. Es muy conveniente enseñarle a que evite
establecer ese tipo de comparaciones.
3.- La educación afectiva del niño celoso debe ser abierta, de manera que se le pueda
mostrar una pluralidad de valores. Si se procede así, el niño celoso comprenderá que las
comparaciones con otros hermanos y compañeros no tienen sentido, puesto que si el se siente
superior en esto o aquello en relación con su hermano , este en cambio es muy superior a él en
otras cualidades diferentes. De otro lado, la pluralidad de valores amplía el horizonte educativo
y motivacional del niño.
La educación en la pluralidad de los valores imposibilita en buena parte esa tendencia a
la exclusividad posesiva. Si aprende que hay muchos valores y que de todos ellos puede tener
una parte mayor o menor–cosa que es compatible con que los demás también tengan otras
porciones–, entonces no planteara un comportamiento celotípico precisamente cuando se
siente amenazado en la exclusividad de aquello que posee..
4.- Para reducir el egoísmo que caracteriza al comportamiento celoso puede ser muy
conveniente educar al niño en otros principios antropológicos fundamentales como algunos de
los siguientes:
a) Que cualquier persona vale más que todas las cosas, posesiones y pertenencias.
b) Que es más sano preocuparse por los demás que únicamente preocuparse por sí
mismo.
c) Que ante la admiración de un valor realizado en un compañero, lo que no hay que
hacer es desearlo para sí sin ningún esfuerzo, sino más bien tratar de conquistarlo a
través de un sano deseo de superación de uno mismo.
d) Que la prosperidad de los que nos rodean nunca hemos de tomarla cómo algo que
forzosamente nos perjudica o nos causa un grave perjuicio.
5. La educación en la afectividad del niño celoso puede sintetizarse en lo que sigue:
tratar de hacer de él una persona que sepa querer y que no sea dependiente de los demás, por
el afecto que de ellos recibe. En principio, durante las primeras etapas del desarrollo son
dependientes del afecto que de sus padres reciben. Pero si esa dependencia afectiva se
prolongase a lo largo de su vida, su personalidad entera seria dependiente, constituyéndose y
configurándose de una forma neurótica. Por consiguiente, al niño hay que educarle para que
sepa querer, que es algo muy diferente de depender afectivamente de los demás. Un niño
madura y aprende a querer:
a) Si es capaz de establecer un vínculo afectivo y auténtico con alguien y no condiciona
su querer únicamente al hecho de que le quieran.
b) Si es capaz de autoestimarse y respetarse a si mismo, independientemente de que
reciba o no afecto continuo de otras personas.
c) Si no confunde las discrepancias, desacuerdos y diversas maneras de ser, con
manifestaciones de rechazo, animadversión y descalificación personal.
d) Si tolera las frustraciones que la convivencia humana comportan, sin que por ello se
rompa o destruya la amistad y el afecto que tiene a las otras personas.
(Extractado de A. Polaino)

Spinner y TDAH. Mi opinión

 

Desde hace un par de meses no hay niño que al que no le veas en la mano el famoso Spinner. Se publicita como un juguete terapéutico, alivia el estrés, reducen la ansiedad y es útil para personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o trastornos del espectro autista (TEA).

 

Ninguna de estas afirmaciones está mínimamente comprobada científicamente. Si bien es cierto que en trastornos de déficit de atención e hiperactividad (TDAH),algunos estudios (Mark Rapport, director de la Clínica de Aprendizaje Infantil en la Universidad de Florida Central ) indican que el movimiento de las piernas, retorcer el cuerpo y otro tipo de actividad motora, puede ser un mecanismo compensatorio para facilitar el funcionamiento neurocognitivo en este trastorno, por lo que no sería buena una sobrecorrección en exceso de este tipo de movimientos cuando se realizan actividades académicas ya que estos movimientos (motores gruesos) facilitan el aprendizaje. Nada tiene que ver con los supuestos efectos terapéuticos de un juguete que da vueltas sin parar sobre la mano o el dedo, son una mera distracción visual.

 

Vale que captan la atención del niño, al igual que un trompo, una pompa de jabón, o el vuelo de una mosca.  Yo a eso lo llamaría distracción.  Entrenar al niño para ser capaz detectar que se ha distraído, que sea consciente de que se ha despistado y  su atención ha ido saltando “de flor en flor”,  dejar que realice movimientos motores mientras realiza actividades académicas, son recursos eficaces para reconducir la atención, y me parecen sin duda más adecuados y más útiles para el niño. Esto puede hacerse a través de la respiración, algo que el niño lleva siempre consigo y que es una herramienta eficaz para reconducir la atención. Me despisto, lo percibo, me centro en mi respiración (cómo se mueve mi pecho, cómo entra el aire frio y sale caliente…) y vuelvo a centrarme en lo que estoy haciendo.

 

Así que desde mi opinión, no es más que un juguete, y debe emplearse como tal. Sus supuestos beneficios no están en absoluto demostrados. Llamar a cada cosa por su nombre y no dejarse influir por una publicidad que falsea la realidad, no resulta fácil.

Buena semana y recordad, mantener una actitud crítica con lo que intentan hacernos creeer a través de la publicidad.

Para saber más:

https://motherboard.vice.com/en_us/article/lets-investigate-the-nonsense-claim-that-fidget-spinners-can-treat-adhd-autism-and-anxiety

http://www.elespanol.com/ciencia/salud/20170515/216228785_0.html

 

 

Estoy triste

 

“Me levanto triste. No sé lo que me pasa pero no puedo apartar de mí ese sentimiento. Nada me entusiasma. “

Más del 20% de las personas muestran una tristeza inexplicable. No saben qué hacer para salir de ese estado.

Para poder gestionar esa emoción lo primero es ser conscientes de ella: “Estoy triste”, lo segundo sería no rechazarla. “Estoy triste, bien. Esto es un sentimiento normal que no se va a quedar conmigo para siempre”.

Debemos entender que todas las emociones son necesarias. Nos ayudan a establecer distancia con las situaciones dolorosas. Nos vamos adaptando y conseguimos superarlas. En ocasiones tenemos motivos para sentirnos tristes, pero en otras no hay nada por lo que sentirnos así.  En estos casos, en la mayoría de las ocasiones  no se debe a que nadie nos quiera, sino más bien es la consecuencia de no quererse a uno mismo. Nos sentimos tristes y pensamos que nadie nos comprende. En  muchos de estos  casos el origen de este mundo atormentado hay que buscarlo en la ausencia de cuidado y de afecto en los primeros años de nuestra vida. Esto hace que no nos queramos, que nos detestemos a nosotros mismos.

Aprender a gestionar nuestras emociones y  entenderlas, es un buen punto de partida.

Independientemente de si nuestra tristeza se debe  a un motivo interno, proveniente de una infancia falta de apego o a una situación externa puntual, el primer paso es aceptarla. Esto nos ayuda a tomar decisiones y adaptarnos a la realidad, ya sea esta positiva o negativa.

Aceptar  e identificar que estamos tristes, no es un síntoma de debilidad. La tristeza es una emoción necesaria y adaptativa que nos permite reorganizar nuestra vida y superar los eventos traumáticos, por tanto, sentirla forma parte de un proceso natural.

Las emociones que no expresamos, se acaban depositando en el cuerpo. Si sentimos rabia, podemos notar un nudo en el estómago, o un dolor en el pecho, síntomas de falta de aire y tensión. Esto es lo que el cuerpo expresa, aunque no tengamos ninguna lesión ni patología cuando no somos capaces de hacerlo de otra manera.

Si ya hemos identificado y aceptado que estamos tristes, identifica la zona del cuerpo donde sientes malestar aunque puede ser sólo nuestro pensamiento el que hace que nos sintamos mal. Piensa en que haría que mejorara esa emoción. Un buen paso, es intentar explicarla y darle sentido. Darse a uno mismo una explicación sencilla y serena de la emoción. Es fácil auto-reprocharnos cosas, pero esto no nos ayuda en la gestión de la tristeza. Frases como: “no soy capaz”, “debería…”, “no debo”… sólo mantienen el malestar, lo aumentan y atacan directamente a la autoestima. Así que MEJOR IR DESECHÁNDOLOS de nuestro lenguaje interno. Normaliza la emoción, la sientes y ya está.

Pero ¿cómo manejar la emoción una vez identificada?

Apunta los pensamientos negativos asociados a la tristeza. Vale, esto puede dar pereza, “ufff apuntarlos”, pero es un paso importante para reajustar el lenguaje interno. El pensamiento es muy rápido y desorganizado. Va dando saltos de un sitio a otro y al final sólo nos queda una sensación de tristeza inidentificable sobre la que no sabemos actuar. Así que, apunta. Apunta y lee después esos pensamientos. Este es el momento de intentar buscar una interpretación algo más realista y positiva de los pensamientos. Y sobre todo, ten en cuenta, que no son más que pensamientos. Eso no significa que sean reales, y otra cosa a tener en cuenta: todo pensamiento pasa. Ningún pensamiento se queda para siempre. Y este es el momento de pensar ¿cómo puedo sentirme mejor ahora? ¿Qué podría hacer? Si te gusta la música, es un buen momento para disfrutarla. En ocasiones un simple paseo al sol hace que nos sintamos mejor. También es un buen momento para llamar a un amigo y compartir un rato agradable, o realizar esa llamada que tienes en mente hacer pero que pospones esperando a encontrarte mejor, menos triste. Seguramente, si haces algunas de estas cosas, aprenderás a entender y manejarte con tu tristeza de una manera más adaptativa.